Yo tenía un departamento neoyorquino
quedaba en barrio chic, Copacabana
si la playa estaba a tres o cinco cuadras
no importó
el verano no importaba
siempre de noche
nadie orillea de noche aquí en La Habana
y quedaba en un pasillo en Buenos Aires
por el cual volver corriendo tembloroso
luchando, mano trémula
porque la luz no se apague
con mano trémula de irrespetar promesas
hundía la cuchara en esa sopa rancia
envuelta, empaquetada
por madres anoréxicas
de China, con pezones arrugados como higos descompuestos
donde asir su boca los partos indeseados
juntando bronca, criminal de tan exhausta
matarifes de mañana, sopa envuelta, apagones de New York
esa es mi casa
Sus esquinas en diciembre, mesas largas, las chicas, fin de año
el aguinaldo tranquilo, las copas transparentes, burbujeaban
yo que paso para un lado, vuelvo de otro, entro y salgo
por el marco de los vidrios a la calle
alguna entusiasmada ve la fugacidad de mi rostro extraño
pero nada más, sigue brindando
Se hizo de noche, ¿alguna vez fue día esta semana?
Suena el portero y la imagino, frustrada en su vestido y su ducha programada, su perfume huele a hastío
este no está, yo ya sabía, superpuesta a tantas otras que en mi puerta de Rio, New York, Copacabana
juraron con solemnidad ninguna
que se vaya a la puta que lo remilparió, que viene a ser mi madre también ignorada en su puntual llamado de jueves a las nueve
por esa noche que me acobija circundante
otro verano más de muda crónica, de encierro otro por autocondena
otro escritorio atiborrado de papeles de nadie
acá en La Habana
miércoles, 20 de enero de 2010
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