domingo, 21 de febrero de 2010

Llegué bien, qué digo bien, requetebién

para Nilda

Nilda, la linda
tiene pelo zanahoria
cuando es día
y cierta parte de la cáscara
del durazno, en la noche

rulos siempre

Se ríe
es larga
el cuello cisne coscoroba
lo ve mi vista
cercana

Sus ojos, brillantes, niños
nomeolvides
que de grande hay dos, tres reglas:
no besar a un plumífero
en la primera fuente que cruces
recordar que la gente
necesita preguntas
saber darse de comer, a una
y a los gatos machos
que te secunden:
negro, el del abismo del tiempo
que no va a volver
gris, el que hace presente
todos los otros colores
que pueden usarse

Lo demás, pecas y flores
algún cacto

De su cintura
los brazos
del ombligo níveo
que sólo atisbé
prefiero no hacer zaraza
ni puntilla
quedando inmaduro
como un higo

Yo de tus besos, Nilda, sí:
la risa te obligaba
a dejar de darlos
sorprendida en el mismo instante
por una audacia
que no recordaba –ella, vos sí–
y le hacía gracia

Más detalles, no
porque Nilda y yo –Nielda–
sabemos
que no es cosa de palabras

Llegué bien, qué digo bien
requetebién

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