lunes, 5 de marzo de 2012

¿Qué de dónde…

... me viene el histriónico?

Bueno, muy bien: de Jorgelina, vientre materno —en lo social y en la energía verbal—
del tío Chacho, reparé recién en estos días —por cierta mundanidad
(y con mundano también me refiero a globo, planeta)—
gravitando, no en menor medida
de mi abuela Inés Emma —el desenfado, la carcajada batiente 
suporongo que la sexualidá’— 
del abuelo Ricardo, que, aunque no es que perfilara
por su histrionismo, muy tanguero, comedor de picadas, legendario fumador, enólogo sin cepa —bailar mintiendo, silbar entre dientes 
el espíritu entrepreneur, amar al reloj exacto—
de mi tío abuelo Cuchucha, poseedor de un alto verduguear, estimo que sátiro pero propenso al trato respetuoso con los niños 
muy siglo XIX 
y de mi otro abuelo, al que no conocí
bien tocayo mío, no obstante
donjuán de día, dondiego de noche, viajador, célebre y/o mítico políticamente dandy, también relojíaco...

Después las chispas identificatorias, mis armonías imitativas: 
Buby, Kuro, Leiao, Juan, Ducotti
y tantísimos otros (como todos nosotros, bah...)
... además de mucha, mucha
de las gentes de la calle
y/o del camino

De algún fugaz aviador
de varios héroes de película
y del carácter en los compositores 

PD: termino el poema y el Flaco me ilumina a lo lejos, a través de las mesas de pool, con una linterna re~potente, ¡jajajajaj…! Después me entero: es letrista de dos cumbias santiagueñas muy bonitas ergo, ¿echaba luz sobre nuestra tarea afín, subrayándola...?

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