Muchas cosas son universales:
el grito de un niño pidiendo
“¡espérenme!”
el aullido de los jóvenes frente
a una falda muy corta
o el aliento de placer
llegando a una playa
Algunas cosas no tienen idioma
incluso, al decirlas
suenan prácticamente igual
miércoles, 11 de noviembre de 2009
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