De Mona recuerdo sus labios entreabiertos como tomando aire.
Y detrás del pelo, los ojos entornados.
De su piel mojada, me acuerdo. Marrón, bronceada, lisa y resbaladiza, brillante.
Me acuerdo del peso de sus tetas: un kilo doscientos cincuenta gramos cada una. Era tener el mundo en una mano.
De su espalda terminando en los hombros estandarte.
Siempre me acuerdo de su calor, de sus dos o tres calores diferentes. Y de su frenesí, su vibración, sus ansias atropelladas de querer tomarlo todo con sus piernas, con su boca, con sus nalgas.
Eso es lo que me acuerdo de Mona.
sábado, 12 de septiembre de 2009
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