a Andrés Caicedo
Qué difícil de ser
debe ser
ser Dios
estar todo el día
y toda la noche
desde los inicios
del día y la noche
frente al panóptico de Focault
revisando cada minúsculo poro
de tu Creación
Evitando
cuidando
destinando
encausando
fortaleciendo
desarmando
criando
esperando
Que el homosapiens no se incendie la barba
que aquella no traicione a su amado
que un justo se haga de lo necesario
que mil ricos tengan cólicos millones
que a la bonita no la pierda condición
que el ladino merezca lo que le pasa
que fulano, el artista, consiga por fin su sueño
que zutano, siempre pobre, finalmente coma y basta
que...
... y va, y se le quema un bosque cuaternario
y va, y se desata la masacre de Tlatelolco
y va, y los barcos hacen estallar la guerra
y va, y el dictador firma el hambre
y va, y la televisión descubre un tesoro
y va, y la familia impide al joven casarse
y va, y la justicia falla cualquier cosa
y va... ¡y se le extingue el águila dorada!
¡Pobre Dios!
Tan ocupado
tan solo
tan desesperado
tan equivocado
tan arrepentido
tan desorientado
tan enojado consigo mismo
tan deprimido...
Y al centro de su patio
el mundo
hace que sigue ateo
hace que puede solo
hace que no importa la Historia
hace que no valen los muertos
hace que olvida al que lucha
hace que cuenta plata
hace que pide perdón
hace que sabe volar
que rinde tributo
que ama los látigos
que construye cosas
que siempre existió
27:X:09
martes, 27 de octubre de 2009
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